viernes
antes de despedirnos me pidió que no dejara de escribir. no creo que sirva pero puedo intentarlo, porque de eso trata, aun con poca imaginación. como la fábula del elefante encadenado, pero no. y la excusa de que alguna vez haya dicho que el dolor me inspiraba no fue suficiente. porque las cosas se mueven con una lentitud insoportable, y aun así, lo que te rodea estásiempreapuntodeestallar. todo rebalsa. el cuerpo no obedece, se hunde. y los días se gastan en la boca, porque ya no hay nada mejor que hacer con ella. y seguimos así. quizás porque no hubo palabras ésta semana para describir lo que es sostenerle la mano fuerte y querer morirse. y eso ni siquiera pude escribirlo yo.
miércoles
hace días que es de noche, y en la oscuridad no conozco mi voz. tengo en la garganta atravesado un nombre y un rostro familiar. mas abajo, un agujero en el pecho (no confundas el amor con las balas) muchos mas en los huesos, otros tantos en la panza. sangre entre los dedos, sobre las cosas. miedo. y esta eternidad que estalla en las manos sin hacer luz.
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