jueves


tenía algo entre las manos. un deseo, una esperanza tibia, agua dulce y el perfume del té. una sonrisa que llevaba tu nombre, un cuento para salvarnos del miedo, un lugar en la mesa, besos antes de dormir. una lucecita con que iluminar las esquinas del cuarto, una foto de cuando éramos felices, un regalo de cumpleaños, tres poemas de amor. algo pegoteado entre los dedos, con sabor a chocolate o un sueño de colores del que nunca despertar.
pero llegaba el día y la noche se ocultaba cobarde. las palabras se morían cuando hablaba de vos. la cuidad se derretía y la sangre se me helaba. otra mañana de verano sin sol. el aire abriéndose paso entre el pecho y las balas. un respiro y la sangre. los recuerdos que vestían tu olor.
tenía entre las manos lo que ya no existe. y todavía no consigo sentir el cuerpo, ni la imposible calma de las cosas que me persigue hasta hoy.

lunes

¿para qué vas a ver,
si un pájaro te sostiene?

cada vez que tú no estás 
la música parece que muriera,
un poco más...

viernes

es momento de dejarnos caer sobre un río quieto
de matar los peces
de quemar las flores
romper todo en este mundo
roto
dado vuelta
lleno de sueños escondidos bajo la cama
de perdedores natos
de boluditos que miran de costado y no piden perdón,
de cuerpos como campos de batalla
tan lleno de heridos
que no alcanzas a contar,
las manos rebalsan de rojo
la sangre que llega a los bordes
los muertos en cada esquina
la gente se acerca a ver

los buitres juegan a ser doctores
que no saben del incendio
de ojos color ceniza
de bocas prendiendo fuego
un poco de amor del bueno
y todo el miedo envenenando

no elegí este agujero en el pecho
este collar de piedras en la garganta
los huesos rotos como este mundo
en el que alguna vez me hicieron creer,
la gran mentira de que a los buenos
nunca les pasa nada,
te digo que tu dios es sordo
pero no me queres escuchar,
y la oscuridad es el silencio mas triste
las palabras torpes, el no saber qué decir

porque estos días son sólo lluvia
cayendo lenta, haciendo mares
el piso otro agujero inundado
y nosotros dejándonos caer