viernes

hay noches que imagino ser un valiente caballero que llega hasta tu puerta a querer salvarlo todo. pero una vez en tu habitación, y despojadas ya las vestiduras, olvido la educación y los buenos modales. al despertar intento recordar las intenciones que me llevaron hasta allí. en ese instante el caballo blanco que escondimos bajo tu cama, asoma sus dientes y relincha dulcemente que sos una causa perdida. entonces salimos por tu balcón, hablando bajito para no despertarte.

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