miércoles

hundía
los pies en la arena
que se le escurría
entre las manos

imaginaba
los días por llegar
el eterno recorrido
de un presente
herido de muerte

desarmaba
los recuerdos
en flores blancas
que plantaba
en el jardín del fondo

viejas postales
sin colores
de un nosotros
que nunca fue nuestro

el tiempo
como arena entre las manos
y un par de flores
secándose al sol

sábado

algo se ahogó.
escuché su último aliento. la última bocanada de aire queriendo perfumar los pulmones fétidos. sentí sus dedos rígidos sujetándose a los restos del naufragio. percibí como el terror en sus ojos se convertía en rabia y venía a morderle el cuello entre colmillos de espuma. como la rabia habiéndolo devorado todo se deshacía en resignación. resignación que entre el y venir de las olas moría lágrima a mis pies.
intenté estirar mis manos. convertirlas en soga para que pudieras salvarte. pero para algunos cuerpos flotar es caer. ese debió ser el destino de nuestra fiebre.
ahora todo está en calma pero se que vamos a continuar ahogándonos en mares eternos hasta transformarnos en peces o aprender a respirar bajo el agua.