martes

cuanto menos quiero ver, más abro los ojos.

lunes

hace tiempo soñé con ella
y un lobo
(siempre suelto)

estábamos
en algún lugar que no era este
porque siempre existe
la posibilidad infinita
de que este lugar sea
cualquier otro.

de que finalmente
se consuman las cenizas
de cuando eras joven
(un poco más que ahora)
esos días de sonrisas pálidas
y golpes en la panza.
días de emociones plásticas
no por lo flexibles
sino por lo tóxicas.

soñé con ella
y lo había olvidado.
hasta ayer.
ayer me acordé
(creo)

y los días se habían perfumado
con las flores amarillas
del único jardín que tengo.

el lobo
nunca cordero
siempre suelto
a veces atado.

soñé con ella
lo recuerdo todo
(y hay canciones
que nunca fallan
para recordar)

en mi sueño había un crimen
(naturaleza sangre)
alguien moría.
vos la matabas.

sábado

yo que te pedía a gritos que me liberes de mi misma ¿me crearías si te digo que siempre te ofrecí la llave de un lugar que ya no existe?
mi cárcel no es sólo este cuerpo que a veces te comparto. son mis noches de lluvia. las palabras que voy a esconder bajo la lengua. las que voy a escupirte en la frente. mis páginas en blanco. los poemas que me hubiese gustado escribir. mis días de furia, de alerta naranja casi llegando a rojo. las fotos en blanco y negro. los nombres no tan propios. mis ríos infinitos. tu beso interminable. ese dolor que se me cae del pecho y que ni todos los brazos del mundo alcanzarían a sostener. un paseo por el laberinto de los ciegos. ya hemos estado allí. yo me escapé la noche que a vos se te cayeron las alas.
pero algún día volveré, para matar a la bestia y construir entre dos una herida que no sangre. no hoy. no mañana. en otra vida. cuando seamos peces o árboles o simplemente polvo.
porque no nací para ser la chica que junta malezas. aunque a veces siento que el papel me sale a la perfección. y que me encanta. todo ese asunto de las malezas me fascina. y el eterno capricho de convertirlas en flor. pero los jardines aun están helados. para cuando llegue a tierra firme será primavera, hasta entonces en mi balsa habrá lugar para uno sólo. todavía hace demasiado frío para invitarte a naufragar.

jueves

cuando duele
sirve
no antes
no después

cuando
en el pecho
la cuerda
se hace nudo
y el verbo
carne

antes
la fiebre

después
las cosas desnudas
sin ceremonias
las manos
volviendo a su lugar

miércoles

ese cuerpo ya no te pertenece. aunque lleve tu nombre, hace tiempo ha dejado de ser tuyo. parado frente al espejo sólo vas a reconocer los restos del disfraz de la noche anterior. cuando te acuestes con vos mismo vas a descubrir las máscaras escondidas bajo la almohada. oirás retumbar sobre las paredes el eco mudo de los que alguna vez tuvimos voz. es que a veces me encantaría gritarte todas mis verdades, pero aun no decido cuales son. y las palabras se refugian entre los labios. y tu sonrisa es el punto de partida para volver al lugar donde nunca hemos estado.
afilamos los dientes
y devoramos la carne
hasta perder
el propio nombre

nosotros
tan destrozados
que ya no hay
                     ni cuerpo
                                   ni alma
                                             ni sangre.
cinco flores amarillas en el florero blanco de la cocina. un café y una mesa vacía. me siento. lentamente comienzo a desarmar mis manos. con los dientes arranco dulcemente cada uno de mis dedos. un festín para mis colmillos hambrientos. voy a guardarlos bajo llave para que nunca olviden el recorrido de tus bordes infinitos. los dedos y los dientes blanquísimos, como el florero que el tiempo convertirá en ataúd de los tallos. porque toda el agua nunca será suficiente para calmar la sed verdadera.
una vez olvidados los nombres de las cosas, la memoria me dejará recordar los objetos. entonces ya nunca más nos besaremos las bocas. ni nos bautizaremos a los gritos cuando la fiebre empiece a
derretirnos la carne.
a veces es necesario consumir el fuego de un sólo golpe. usar las manos para algo mas útil y menos hermoso que un poema. pero las mías siempre han sido torpes. nunca aprendieron a leer lo que escribían sobre tu espalda. es que las palabras me aburren. me encantaría que cobren vida entre tus labios, como las flores amarillas alguna vez. pero tu lengua se ha vuelto vidrio y mis gustos han cambiado.
sobre la mesa, la sangre entibiándolo todo. pero algo no está bien. necesito recuperar mis manos. vaciar el cuerpo de toda sustancia oscura, de toda luz anochecida. quitar la tierra acumulada sobre los huesos. sacarme el gusto amargo de la boca. devolverle a las cosas su forma primera. cerrar los ojos. imaginar un bosque. necesito que me devuelvan la primavera para que los jardines amarillos vuelvan a florecer.