lunes

elijo recordar el gesto
las manos jugando sobre la boca
los labios de la risa
mordiendo el tiempo
bajo los ojos de la noche

y duelen los dientes
de tanto apretar
y esperar
lo imposible de tenerte cerca
una idea como puente
desvaneciéndose

(cuento las horas entre los dedos
sobre esta cama todo se escurre
y sería hermoso verte dormir)

lunes


es el ritual de cada noche
los números impares
las horas del silencio,
si el dolor es el único entendimiento posible
¿para qué seguir con esta farsa?

en esta guerra de los cuerpos y la palabra
voy a rendirme a los pies de tu cama,
aunque no consiga besar tus cruces
por mi falta de fe

miércoles

imaginen un barrio lleno de árboles
un día de lluvia
una casa cualquiera,
busquen un cuarto de espejos
donde entibiar las tardes
y desarmar los sueños
en pedazos de luz

suban las escaleras
esquivando los huesos,
arrástrense por el piso,
sigan buscando

adivinen el perfume de la muerte
piensen en todas las personas
que les tocaron el alma
en el amor y en la falta
en los que ya no están.

mientras todos los paisajes
se funden en la noche
y la gente se despide en la estación,
sigan buscando

hasta apoyar el cuerpo
sobre una puerta abierta
la espera
es de los peores inventos del mundo

viernes

próxima estación: invierno


el frío
los pies helados
tomar café en el desayuno
llegar tarde al trabajo
saber que no estás

viajar en la línea a
de flores a once
escuchando morrisey
y pensando que no
que mejor no te llamo
hasta saber qué decir

ir a clase de historia
aburrirse de hablar del pasado
y su desilusión

visitar a una amiga
hacer planes
fumar y tomar el té

volver a casa temprano
abrigarse bien
que el tren tiene las ventanas rotas
y el viento sopla más fuerte
del otro lado de la avenida

miércoles

algunas noches no consigo dormir. me acuesto en la cama y doy vueltas hasta marearme o aburrirme. entonces me levanto. casi siempre pierdo el equilibrio y me caigo, o me golpeo con la lámpara, la silla o el sillón. mi torpeza me enoja y me da gracia. cuando consigo reponerme de la risa agarro la guitarra, y con los únicos tres acordes que me sé imagino una melodía dulce, escribo la letra y salgo al balcón. el aire del otoño es frío y perfumado, y ladran los perros que sufren de insomnio como yo. entonces hago de cuenta que me escuchas a la distancia y te canto canciones inventadas con estribillo pegadizo. y los perros ladran más fuerte. y vos en tu casa te acercas a la ventana para ver qué es todo ese ruido, y asomas los brazos y me aplaudís de pie.

domingo


van cien días sin dormir y mil noches sin poder, las ventanas que olvido cerrar y el mismo sol que se aparece. los zapatos para caminar la rutina de mis mañanas sin vos, una taza vacía en la mesa del desayuno y este barrio viejo cada vez mas tuyo. a veces salgo a colgar tu nombre entre los árboles, canto canciones por lo bajo, escribo poesía con tus huesos.  pero van cien días sin dormir y las manos no se acuerdan de la risa, y una sombra oscura me acompaña, junta los pedazos de piel que se me caen y me ayuda a ponerme el disfraz que me proteja del frío. porque como el amor y la muerte el invierno es, inevitable.

jueves


tenía algo entre las manos. un deseo, una esperanza tibia, agua dulce y el perfume del té. una sonrisa que llevaba tu nombre, un cuento para salvarnos del miedo, un lugar en la mesa, besos antes de dormir. una lucecita con que iluminar las esquinas del cuarto, una foto de cuando éramos felices, un regalo de cumpleaños, tres poemas de amor. algo pegoteado entre los dedos, con sabor a chocolate o un sueño de colores del que nunca despertar.
pero llegaba el día y la noche se ocultaba cobarde. las palabras se morían cuando hablaba de vos. la cuidad se derretía y la sangre se me helaba. otra mañana de verano sin sol. el aire abriéndose paso entre el pecho y las balas. un respiro y la sangre. los recuerdos que vestían tu olor.
tenía entre las manos lo que ya no existe. y todavía no consigo sentir el cuerpo, ni la imposible calma de las cosas que me persigue hasta hoy.

lunes

¿para qué vas a ver,
si un pájaro te sostiene?

cada vez que tú no estás 
la música parece que muriera,
un poco más...

viernes

es momento de dejarnos caer sobre un río quieto
de matar los peces
de quemar las flores
romper todo en este mundo
roto
dado vuelta
lleno de sueños escondidos bajo la cama
de perdedores natos
de boluditos que miran de costado y no piden perdón,
de cuerpos como campos de batalla
tan lleno de heridos
que no alcanzas a contar,
las manos rebalsan de rojo
la sangre que llega a los bordes
los muertos en cada esquina
la gente se acerca a ver

los buitres juegan a ser doctores
que no saben del incendio
de ojos color ceniza
de bocas prendiendo fuego
un poco de amor del bueno
y todo el miedo envenenando

no elegí este agujero en el pecho
este collar de piedras en la garganta
los huesos rotos como este mundo
en el que alguna vez me hicieron creer,
la gran mentira de que a los buenos
nunca les pasa nada,
te digo que tu dios es sordo
pero no me queres escuchar,
y la oscuridad es el silencio mas triste
las palabras torpes, el no saber qué decir

porque estos días son sólo lluvia
cayendo lenta, haciendo mares
el piso otro agujero inundado
y nosotros dejándonos caer

martes

viernes

las sirenas están sonando y yo sin agua bendita

domingo


un gato negro encontró al pájaro y le arrancó las tripas. es el instinto, dicen. el instinto y el hambre, porque las bocas van a seguir comiendo aunque te mueras. lo curioso es que ahora la sangre se mueve por todo el espacio de la grieta. se mueve, pero nunca se seca. y el aire está lleno de moscas. mi cuarto también.

jueves

la tormenta también dejó un pájaro muerto sobre el techo del vecino. la primera vez que lo vi me pareció un chiste, una broma de mal gusto. entonces todas las mañanas levanto la persiana de la cocina y ahí está: el cuerpo gris sobre las tejas naranjas. debe ser porque hace días el aire se corta con el filo de la muerte, y ya ni los pájaros consiguen volar. debe ser porque tampoco pueden acostumbrarse al frío en esta época del año. porque es verano, y el cuerpo tiembla.

martes

la tormenta lo ha dejado todo lleno de charcos
y los charcos son como agujeros líquidos,
como entradas de túneles inundados
que comunicaran la cuidad con el río,
o mis ojos con un lago en el cielo.

viernes

antes de despedirnos me pidió que no dejara de escribir. no creo que sirva pero puedo intentarlo, porque de eso trata, aun con poca imaginación. como la fábula del elefante encadenado, pero no. y la excusa de que alguna vez haya dicho que el dolor me inspiraba no fue suficiente. porque las cosas se mueven con una lentitud insoportable, y aun así, lo que te rodea estásiempreapuntodeestallar. todo rebalsa. el cuerpo no obedece, se hunde. y los días se gastan en la boca, porque ya no hay nada mejor que hacer con ella. y seguimos así. quizás porque no hubo palabras ésta semana para describir lo que es sostenerle la mano fuerte y querer morirse. y eso ni siquiera pude escribirlo yo.

miércoles

hace días que es de noche, y en la oscuridad no conozco mi voz. tengo en la garganta atravesado un nombre y un rostro familiar. mas abajo, un agujero en el pecho (no confundas el amor con las balas) muchos mas en los huesos, otros tantos en la panza. sangre entre los dedos, sobre las cosas. miedo. y esta eternidad que estalla en las manos sin hacer luz.

martes

where normal people have a heart, he has a bottomless black hole. and if you don’t watch out, you can fall in and get lost forever.