miércoles

algunas noches no consigo dormir. me acuesto en la cama y doy vueltas hasta marearme o aburrirme. entonces me levanto. casi siempre pierdo el equilibrio y me caigo, o me golpeo con la lámpara, la silla o el sillón. mi torpeza me enoja y me da gracia. cuando consigo reponerme de la risa agarro la guitarra, y con los únicos tres acordes que me sé imagino una melodía dulce, escribo la letra y salgo al balcón. el aire del otoño es frío y perfumado, y ladran los perros que sufren de insomnio como yo. entonces hago de cuenta que me escuchas a la distancia y te canto canciones inventadas con estribillo pegadizo. y los perros ladran más fuerte. y vos en tu casa te acercas a la ventana para ver qué es todo ese ruido, y asomas los brazos y me aplaudís de pie.

domingo


van cien días sin dormir y mil noches sin poder, las ventanas que olvido cerrar y el mismo sol que se aparece. los zapatos para caminar la rutina de mis mañanas sin vos, una taza vacía en la mesa del desayuno y este barrio viejo cada vez mas tuyo. a veces salgo a colgar tu nombre entre los árboles, canto canciones por lo bajo, escribo poesía con tus huesos.  pero van cien días sin dormir y las manos no se acuerdan de la risa, y una sombra oscura me acompaña, junta los pedazos de piel que se me caen y me ayuda a ponerme el disfraz que me proteja del frío. porque como el amor y la muerte el invierno es, inevitable.