el hueso y la rosa
desnúdame
que quiero ver
como el viento que nos toca es
un animal feroz con un cuerpo sin piel
abrígame
me quiero ver
como un jinete ciego montando al revés
como el primer caballo del último rey
lo que más te duele
es no poder gritarlo fuerte
con el grito no se cree la verdad
la palabra en el exilio
sobre el hueso va el delirio
de una fiebre sin necesidad
lunes
viernes
no recordaba tu nombre y los ojos se le llenaron de lágrimas. sabía que en algún momento había visto las letras, recordaba su forma, pero al convertirse en hombre perdió la habilidad de armar las palabras (sus manos siempre han sido torpes). todas las noches se acercaba a los pies de tu cama (o de tus sueños) y te miraba. en silencio. te miraba.
no recordaba tu nombre y enfureció y derramó los vasos. no conforme aun rompió los vidrios, que abrieron sus heridas, y ahora un río carmín corre por su piel.
vos te le acercaste y mojaste los pies, después las manos, con ellas y las gotas mojaste la cara. respiraste un perfume oscuro. una mezcla de huecos y huesos echados a perder, pues nadie ha caído en los agujeros ni nadie ha comido los restos de carne que quedaban sobre ellos.
no recordaba tu nombre y el río corría y rebalsaba. tiraste unas monedas al aire y pediste un deseo. el de siempre o cualquier otro. daba lo mismo. vos no creías (no crees) en nada. después saliste corriendo y caíste al piso. cuando comenzaste a quedarte sin aire quisiste escapar a un bosque, como no te podías levantar imaginaste un árbol (el árbol es la verdad, dicen). ahí te diste cuenta que tus manos estaban rojas y que sobre vos también había un río.
(sobre todos corre un río carmesí. porque alguna vez hemos enfurecido y querido desnudar las cosas o destrozarlas -y lo hemos hecho-. es que alguna vez nos ha herido el olvido, el no recordar los nombres, y desde entonces la sangre corre fría sobre nuestra piel)
no recordaba tu nombre y enfureció y derramó los vasos. no conforme aun rompió los vidrios, que abrieron sus heridas, y ahora un río carmín corre por su piel.
vos te le acercaste y mojaste los pies, después las manos, con ellas y las gotas mojaste la cara. respiraste un perfume oscuro. una mezcla de huecos y huesos echados a perder, pues nadie ha caído en los agujeros ni nadie ha comido los restos de carne que quedaban sobre ellos.
no recordaba tu nombre y el río corría y rebalsaba. tiraste unas monedas al aire y pediste un deseo. el de siempre o cualquier otro. daba lo mismo. vos no creías (no crees) en nada. después saliste corriendo y caíste al piso. cuando comenzaste a quedarte sin aire quisiste escapar a un bosque, como no te podías levantar imaginaste un árbol (el árbol es la verdad, dicen). ahí te diste cuenta que tus manos estaban rojas y que sobre vos también había un río.
(sobre todos corre un río carmesí. porque alguna vez hemos enfurecido y querido desnudar las cosas o destrozarlas -y lo hemos hecho-. es que alguna vez nos ha herido el olvido, el no recordar los nombres, y desde entonces la sangre corre fría sobre nuestra piel)
hay noches que imagino ser un valiente caballero que llega hasta tu puerta a querer salvarlo todo. pero una vez en tu habitación, y despojadas ya las vestiduras, olvido la educación y los buenos modales. al despertar intento recordar las intenciones que me llevaron hasta allí. en ese instante el caballo blanco que escondimos bajo tu cama, asoma sus dientes y relincha dulcemente que sos una causa perdida. entonces salimos por tu balcón, hablando bajito para no despertarte.
martes
lunes
debería lucir orgullosa mis manos desnudas
no avergonzarme por las heridas
causadas en tiempos amor y de guerra
debería aceptar la derrota
lavar la sangre que va secándose sobre mis mejillas
admitir que todo esto fue un juego en el que dimos la piel
debería convertir el recuerdo
en un gesto amable
después buscar las letras
entre el vino y la saliva de tu boca
gritar tu nombre
brindar a tu salud
pero los inviernos me han congelado el cuerpo
desde el hueso hasta la piel
no puedo mas que gritar
en nombre del silencio
brindar por vos y por mí
y pedir un deseo
ser la chica con la que sueñas
esas pocas noches
que decides creer en el amor
no avergonzarme por las heridas
causadas en tiempos amor y de guerra
debería aceptar la derrota
lavar la sangre que va secándose sobre mis mejillas
admitir que todo esto fue un juego en el que dimos la piel
debería convertir el recuerdo
en un gesto amable
después buscar las letras
entre el vino y la saliva de tu boca
gritar tu nombre
brindar a tu salud
pero los inviernos me han congelado el cuerpo
desde el hueso hasta la piel
no puedo mas que gritar
en nombre del silencio
brindar por vos y por mí
y pedir un deseo
ser la chica con la que sueñas
esas pocas noches
que decides creer en el amor
sábado
hay música que hace bailar los pensamientos
hay un libro nuevo sobre la cama
hay helado de frutos del bosque
hay una chica con cuerpo de vidrio que me sonríe desde un rincón de la habitación
hay una lista de deseos que no voy a terminar de escribir
hay pasto seco en una latita
hay mamá, papá y hermano viendo televisión en el comedor
hay apuntes apilados sobre el escritorio
hay películas para ver en el cine
hay aire con olor a tierra mojada
y en el medio de todo eso estoy yo
que quiero salir, pero no, pero si, pero ya no voy a vestirme de sábado
que quiero escribir, pero no, pero si, pero la inspiración no está en estas manos
que descubro un par de duendes durmiendo y me voy
a mi cama
con mi libro nuevo
a hacerles compañía
hay un libro nuevo sobre la cama
hay helado de frutos del bosque
hay una chica con cuerpo de vidrio que me sonríe desde un rincón de la habitación
hay una lista de deseos que no voy a terminar de escribir
hay pasto seco en una latita
hay mamá, papá y hermano viendo televisión en el comedor
hay apuntes apilados sobre el escritorio
hay películas para ver en el cine
hay aire con olor a tierra mojada
y en el medio de todo eso estoy yo
que quiero salir, pero no, pero si, pero ya no voy a vestirme de sábado
que quiero escribir, pero no, pero si, pero la inspiración no está en estas manos
que descubro un par de duendes durmiendo y me voy
a mi cama
con mi libro nuevo
a hacerles compañía
la escuché decir que escribir un poema es reparar la herida fundamental. desde entonces quiero escribir uno.
quería escribir un poema y regalárselo pero ignoraba su utilidad. la duda que se me presentó fue saber realmente qué herida estaba reparando ¿la mía? ¿la de ella? si yo escribo un poema pensando en alguien y se lo regalo ¿acaso no sería suficiente para reparar dos heridas?
quiero escribir un poema que no te nombre. no quiero escribirlo pensando en vos para después regalárselo a ella. no sería justo. además pensar en vos es mas bien como rascar mi herida y lo que en realidad me importa es reparar la suya.
quería escribir un poema pero no sabía por donde empezar. entonces pedí prestado un libro de instrucciones acerca de como llevar a cabo tareas que a simple vista parecen sencillas y en realidad no lo son. darle cuerda a un reloj no es nada fácil. escribir un poema tampoco. vaya desilusión al descubrir que el libro sólo contenía un plan para un poema. no era lo que necesitaba. era un plan que alguien iba a usar para escribir un poema y reparar una herida. una herida que no era mía, ni tuya, ni de ella. no me pareció ético robarme su plan. no es ético robarse el plan ni la poesía de nadie, más aun conociendo la finalidad reparadora de los poemas.
yo quiero escribir un poema pero aun no tengo plan ni instrucciones.
mientras tanto ella sigue llorando y su herida rebalsa de lágrimas.
quería escribir un poema y regalárselo pero ignoraba su utilidad. la duda que se me presentó fue saber realmente qué herida estaba reparando ¿la mía? ¿la de ella? si yo escribo un poema pensando en alguien y se lo regalo ¿acaso no sería suficiente para reparar dos heridas?
quiero escribir un poema que no te nombre. no quiero escribirlo pensando en vos para después regalárselo a ella. no sería justo. además pensar en vos es mas bien como rascar mi herida y lo que en realidad me importa es reparar la suya.
quería escribir un poema pero no sabía por donde empezar. entonces pedí prestado un libro de instrucciones acerca de como llevar a cabo tareas que a simple vista parecen sencillas y en realidad no lo son. darle cuerda a un reloj no es nada fácil. escribir un poema tampoco. vaya desilusión al descubrir que el libro sólo contenía un plan para un poema. no era lo que necesitaba. era un plan que alguien iba a usar para escribir un poema y reparar una herida. una herida que no era mía, ni tuya, ni de ella. no me pareció ético robarme su plan. no es ético robarse el plan ni la poesía de nadie, más aun conociendo la finalidad reparadora de los poemas.
yo quiero escribir un poema pero aun no tengo plan ni instrucciones.
mientras tanto ella sigue llorando y su herida rebalsa de lágrimas.
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